Por Minna.

La necesidad de información

Somos jóvenes y, creo que para muchos, sobre nuestras espaldas va la gran responsabilidad que implica vivir en la era de la información y ser hasta cierto punto, los dueños y creadores de muchos de los espacios para expresarnos de manera “gratuita”, sin censura, para crear, modificar, enviar y reenviar una gran cantidad de datos que puede dar la vuelta al mundo no sólo una vez, sino girar en torno al planeta como si se tratara de un astro más, abierto y visible a quien quiera consultarlo.


Para el español Manuel Castells, quien acuñó el término la Era de la información, la Sociedad del conocimiento es aquella transformada a partir de una revolución que incide sobre el procesamiento de la información y la generación de conocimiento, mediado por las Tics o Tecnologías de información y comunicación (que es lo mismo). Dice el autor, además, que estos dos factores (información y conocimiento) determinan quién ocupa los espacios de poder en cualquier ámbito de las relaciones humanas. ¿Dudas de esto? Creo que no, es obvio puesto que todos vivimos o somos ejemplo de esta afirmación. Y nosotros, a ti que lees o escuchas esto, vivimos en esa Era, en esa Sociedad. ¡Bienvenido si nadie te lo ha dicho! (Creo que lo has notado)


Poder, todo es sobre el poder. Entonces, ¿qué tiene qué ver esto con la influenza? ¿Acaso quién tiene más “poder” para no ser contagiado? No… no, precisamente. Como si fuéramos participes de un gran laboratorio (por decirlo de alguna manera) somos parte de fenómenos y procesos que influyen directamente en nuestras actividades cotidianas, en aquellas que hacemos nuestras y en las que decidimos sólo nosotros. Dentro de los nombres con los que han etiquetado los tiempos que vivimos y señalado de estos muchas características, sobresale la cualidad, en toda consecuencia, de global a casi cualquier cosa, es decir: los conflictos bélicos traspasan fronteras físicas, el impacto del precio del dólar o el euro en los países en desarrollo, el concierto del Live 8 de manera simultánea en los 8 países del G8 y Sudáfrica o la música que todo tipo de bandas cuelga en MySpace


El caso de la Influenza tuvo efecto en todos los ámbitos en nuestro país. Cuando se desató el brote y medios como la televisión y radio hicieron eco al llamado del Gobierno Federal, oídos y miradas estuvieron atentos a lo que surgía; por supuesto que no abandonaron esa costumbre que tanto odio al resaltar el mal llamado “ingenio mexicano” (ya saben, la creación de tapabocas con cierto diseño para estar a la moda o combinarlo con la ropa o vender tapabocas gigantes para los vehículos. ¿Cómo no le llaman “ingenio mexicano” a la venta de los mismos a $50?); o buscar en internet (la herramienta más usada en los programas de “entretenimiento”) con qué decorar tan impresionante contingencia sanitaria.


Los mails al respecto tampoco se hicieron esperar. A mi bandeja llegaron varios (lamentablemente sin firma) que hablaban de cuestiones como la legalización del consumo de droga, el Northcom en México o el préstamo que el Fondo Monetario Internacional aprobó para nuestro país. Sí, sin firma pero con información de apoyo, fuentes que se pueden consultar para corroborar la veracidad de lo que una persona decidió escribir y que se reenvió por los lectores. También, me fue enviado varias veces el link para ver un cortometraje de Naomi Klein y Alfonso Cuarón, dirigido por Jonás Cuarón, The shock doctrine, basado en el libro de Klein publicado en 2007.


Mi intención no es contradecir las sugerencias que se hacen para prevenir el contagio ni la información que la OMS brinda. Tampoco hacer una reseña de un libro que no he leído, ni contarles todo lo que ha pasado mientras hemos estado encerrados en casa; tampoco pretendo formar parte de la generación que erradicó la pobreza o imponer y disfrazar ideas sobre la situación que vivimos. Castells pone sobre la mesa la implicación tan importante de la información y el conocimiento, como herramientas directas para alcanzar el poder; sin embargo, creo es responsabilidad nuestra también informarnos y generar conocimiento, quizá no buscando poder en sí, simplemente como dice Klein para saber lo que nos pasa y por qué, y de esta manera resistir al shock.


Mi intención es sugerir el uso de las herramientas a las que tenemos acceso, corroborar, discutir, compartir, elegir. No implica que abandonemos nuestro correo electrónico o a nuestros amigos en las redes sociales o en el Messenger; se trata de ir más allá: ¿te interesa saber por qué son gratuitos muchos espacios que hacemos nuestros; qué determina la publicidad o la información; quién la maneja, quién la redacta; qué ampara los términos legales de uso de un sitio; quién lo creó? Infórmate, te sorprenderás con la información que hay detrás de lo que hacemos.


¿O tú qué opinas? Ya sabes que esperamos tus comentarios y sugerencias. ¡Hasta la próxima!

=)

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